miércoles, 1 de marzo de 2017

LA CRÓNICA DE KOL : " LA GENTE JOVEN, LA VEJEZ EL MATRIMONIO... "

Tal como vengo repitiendo en muchas de mis crónicas, los patrones de comportamiento humano son únicos para toda la especie. Esto, no indica que todas las sociedades actuales sean iguales; más bien que algunas se comportan hoy en día como lo hicieron otras tiempo atrás. Mientras que en Euskadi empezamos a tener una visión sobre temas pilares como el de la libertad individual similar a la que lleva implantada en el norte de Europa desde hace muchas décadas; en pleno siglo XXI, existen países donde la mentalidad de gran parte de sus habitante y estructura social, recuerdan viejos patrones y clichés propios de nuestros abuelos en el mejor de los casos. Históricamente, la principal manera de subsistencia humana se ha basado en la creación de unidades grupales: colaboración entre miembros de una misma familia para garantizar el alimento y cuidado de los ancianos.


China, ha pasado de ser un país predominantemente rural y pobre, a convertirse en la segunda economía mundial y tener una creciente clase media en poco más de tres décadas. Este rápido desarrollo además de mejorar la vida de cientos de millones de personas, ha provocado que la grieta inter-generacional sea mucho mayor que a lo que estamos acostumbrados en los países occidentales; afectando a las relaciones familiares entres padres e hijos y poniendo en contraste dos visiones de vida: la de la escasez y la de la abundancia. Lo anterior, pone de frente dos posiciones enrocadas; padres que ven el matrimonio como un elemento de supervivencia e hijos que ven el trabajo, la independencia y la libertad personal como opción. Esta presión familiar, aumenta en caso de las mujeres a las que sus progenitores observan como elementos frágiles que han de quedar bajo el amparo de un marido. Es curioso observar como muchos jóvenes ponen una edad límite (26-28 años) para contraer matrimonio siguiendo las advertencias y los patrones parentales. Si se tiene en cuenta la existencia de una gran masa de universitarios y de que la mayoría de la juventud vive fuera de su lugares de origen tras haber pasado por diferentes trabajos/ciudades; son muchas las parejas que se unen sin apenas tener tiempo para conocerse y convivir, multiplicando la tasa de matrimonios fallidos en la última década. Otro elemento de ruptura matrimonial habitual deriva de la imposibilidad de tener descendencia. 
LA VIDA EN CHINA

En una sociedad donde no existe ningún tipo de pensión que garantice la seguridad financiera de los mayores, estos quedan a merced de los cuidados y aportes económicos de sus hijos. Independientemente de su clase social y económica, prácticamente todas las parejas optan por la maternidad y en caso de no conseguirlo en un tiempo determinado (la ignorancia y el pensamiento machista culpa a las mujeres), estamos ante la antesala de un más que posible divorcio. Si bien existen numeroso niños y niñas en espera de adopción, permanece el estigma de que al no ser hijos naturales, algún día buscaran a su familia de sangre y desaparecerán; nos encontramos otra vez ante un pensamiento retrogrado y lleno de prejuicios.De esta situación, nacen dramas personales de hombres y mujeres forzados a uniones precipitadas o que sin ceder, viven su soltería bajo un continuo acoso de la parte conservadora de la sociedad. Como elemento esperpéntico, podemos encontrar los miles de centros de encuentro que se instalan en los principales parques públicos donde padres promocionan a sus hijos detallando a través de carteles sus nombres, edades, estudios, altura y sueldo en un patético acto de “celestinismo” oriental.


Valga mención el caso de los jóvenes homosexuales, sometidos a la misma presión además de tener que esconder su condición sexual. Son muchos los que sin poder imponerse al rechazo social y familiar, hacen la farsa aun mayor obligándoles a llevar una existencia penosa y falta de sinceridad.
Personalmente considero a mis mayores como una fuente de conocimiento y experiencia, gente de la que aprender y a la que escuchar; pero estos, han de adaptarse a los nuevos tiempos, entenderlos respetando las sociedades del presente y sobre todo, la libertad del individuo.