miércoles, 8 de febrero de 2017

LA CRÓNICA DE KOL : " UNA PASEO A LA ZONA DESMILITARIZADA ENTRE LAS DOS COREAS "

Hoy, nuestro cronista nos lleva a un lugar que algun  dia me gustaria conocer en vivo. Caminar al pasado en el presente y sumergirse en un mundo distinto que esta en este.
 ¡¡ Apasionante relato !! . 

En pleno shock cultural tras mis primeros días en Beijing y haber tenido la suerte de haber entablado amistad con varios españoles residentes en mi barrio; llegaría la primera de las muchas sorpresas que me depararía aquel inolvidable 2008. Si bien acababa de llegar, por eso de las fechas tocaba celebrar el Año Nuevo Chino; festividad  aprovechada para volver a sus pueblos de origen por parte de los locales y para irse de viaje a otro país para los foráneos. Tras discernir sobre varias alternativas, se decidió viajar a Seúl, capital del Corea del Sur, si bien el plato fuerte del viaje se situaba fuera de la urbe a no muchos kilómetros de distancia; nada más y nada menos que una visita  a la frontera que la separa de su vecina Corea del Norte.




Para aquellos que no estés familiarizados con la historia de Corea; el país se encontraba bajo el dominio imperialista japonés hasta finales de la Segunda Guerra Mundial. Una vez que Tokio capitula  y tras tensiones internas, se crean las dos Coreas que conocemos actualmente. De esta situación de división, estalla una guerra civil entre el norte comunista y el sur capitalista con la intervención entre otras potencias extranjeras de China, la Unión Soviética y Estados Unidos. Tras años de contienda y movimientos continuos de fronteras, en 1953 se establecen los límites actuales y un área de separación-contención conocida como "Zona Desmilitarizada". Como es obvio y por razones de seguridad, solamente es posible visitar el lugar en grupos organizados que tienen montado un itinerario de lo más tétrico que haya conocido personalmente  junto a las visitas a los museos de calaveras víctimas de Pol Pot en Camboya.



La primera parada del tour se lleva a cabo en una zona de túneles que por su longitud, llegaron prácticamente hasta las inmediaciones de Seúl.  Cavados desde el norte y descubiertos por casualidad; en más de una ocasión han servido para que soldados suicidas del norte crucen la frontera; si bien son bastante estrechos; uno de los túneles que estaba en construcción tenía capacidad de albergar vehículos de tamaño reducido, algo no es poca cosa y que en caso de éxito, podría haber desembocado en una intentona de invasión. La siguiente visita; una estación de trenes fantasma que están literalmente situada en un paramo.¿Que pinta semejante estructura en un lugar inhóspito? Pues es nada más y nada menos la estación que va a servir de enlace para viajeros entre las dos Coreas en un futuro a determinar; surrealismo total. El tráfico ferroviario se limitaba a un tren semanal y por supuesto, solamente de mercancías. Por aquella época, la relación era algo más cordial que en estos momentos y Hyundai tenía una planta en el Norte de modo experimental; a veces las cosas no son como nos las cuentan y si bien hay tensiones de toda índole, por otro lado se abren puertas a la cooperación que se desconocen.  Finiquitada la estación , llega la hora de lo bueno, la visita a la zona desmilitarizada en sí. Antes de partir, el guía te informa de una serie de reglas a cumplir: No hablar con ningún soldado del Norte situado cerca de la valla ni prestarles atención, caminar en fila india con, pararse solamente donde te indiquen y sobre todo, no señalar a ningún objeto o persona. Bajamos del autobús y llega el primer impacto visual: a ambos lados de la frontera dos estructuras metálicas parecidas a la torre Eiffel con dos banderas que son consideradas las más grandes del mundo. Según me contaron, fue Corea del Sur la primera en plantarla y Corea del Norte replicó con una de mayor tamaño , guerra psicológica en todo su esplendor.





Una vez de dentro de la instalaciones, empieza la tensión; silencio, nada de incumplir las normas y a caminar por un pasillo que finalizaría en una de mis visiones más inolvidables: soldados coreanos del sur  con gafas de sol plantados frente a los del norte  solamente separados por una alambrada; si hubiesen empezado a tiros ese momento no me hubiese extrañado en absoluto; he de admitir que se pasa cierto miedo. Si bien los soldados del sur imponen mucho respeto, la mística de los soldados del norte hace inevitable que uno les preste toda la atención posible; estos últimos se encontraban en actitud más relajada. Bajamos una escalera y nos llevaron nada más y nada menos que a un barracón que está situado entre las dos fronteras; técnicamente medio barracón pertenece al sur y el otro medio al norte. Es en ese  cuarto donde firman los diferentes tratados ambos países; los soldados del norte nos miraban por una mirilla de plástico y estaban literalmente detrás de la puerta, no me lo podía creer. Cuenta la historia que en su día, una bandera de los Estados Unidos adornaba el lado del sur y que los soldados del norte la utilizaron para limpiarse los zapatos. Tras la jornada y tal como me gusta hacer en cada país que visito, llega el turno de digerir lo visto y reflexionar. El ambiente es altamente bélico pero también hay espacio para la reivindicación de una Corea unida, movimiento social que pude posteriormente encontrar durante las jornadas de judo en las olimpiadas de Beijing. Junto a grupos de personas que animaban a Corea del Norte y Corea del Sur, había un tercer grupo  que portaba banderas de la Corea Reunificada en claro contraste con los otros dos.




Si hubo algo verdaderamente emotivo fue el visionar los vídeos de los encuentros entre familiares separados  que organizan de vez en cuando; en un pabellón deportivo lleno de mesas, numerosos ancianos esperan a que sienten a su lado al hermano, primo o familiar del que nada supo durante décadas; buscarlos en internet, os aseguro que no podréis contener las lágrimas. Hasta aquí el lado emotivo e histórico; ¿pero qué piensan las nuevas generaciones? Nada mejor que preguntar para saber algo de primera mano; empezando por el guía y acabando por la gente con la que entable conversación durante el día y la noche de Seúl: la unificación es cosa de los ancianos, seis décadas de total asilamiento desnaturalizan las relaciones, matan los sentimientos y sobre todo tal como concluían "¿Quien puede vivir con esa gente que ni siquiera conoce lo que es el dinero? Son unos bichos raros ",                                 Corea unida, romanticismo utópico.

Continuará


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