martes, 5 de mayo de 2015

" MADRID... EN UN MOMENTO DADO "

Este fin de semana pasado, aprovechando el puente de un ser humano amigo, he decido aceptar la invitación de pasarlo en la capital de España. Es decir, en Madrid. Y el viernes a primera hora cogíamos carretera en su apartamento ambulante : " Una Vito preparada para dormir y cocinar " con la intención de conocer rincones de esta ciudad. Una urbe que fue testigo de toda mi infancia hasta los quince años que comencé a volar. Y quise volver al lugar que tantos recuerdos dejo en mi memoria y que a medida que pasan los años se hacen cada vez mas cristalinos. Pero cambiar de aires, de personas, de edificios, de costumbres, de entonación y significado de algunas palabras... Y de como piensan y sienten seres humanos que viven en un mismo punto geográfico del planeta separados tan solo por unos cientos de kilómetros, tiene mucho mas importancia de lo que creen algunos. En mi caso por ejemplo:  Soy un tipo que gusta de hablar con todo el mundo. Preguntar, al agente de proximidad, al camarero, al conductor del autobús, al grupo que esta tocando en la esquina, al indigente. a la estatua petrificada y un largo etcétera de seres que no están habitualmente en mi entorno. En Bilbao son los mismos, pero son otros, los míos y a esos ya los conozco. Con ello pretendo acercarme a la realidad mas tangible del lugar que me acoge. Por encima de proclamas turísticas o intereses diversos. Y también para intentar sentir  lo mas cercano posible el pulso de la ciudad a través de sus actores. Los de verdad. Esos de carne y hueso.




Madrid es una ciudad abismal. Y como todas ellas, no son ni serían nunca lugares donde establecer mi residencia habitual. Me gusta ver seres humanos, pero no masificaciones. Detesto los tumultos. Y esta ciudad te devora en lugares determinados. Todas las grandes urbes me parecen lugares impersonales. Sitios donde la gente camina sin mirarse y rincones sin ningún síntoma de empatía. Al menos a primera vista.  El punto central sin duda es la Puerta del Sol. Donde cientos de seres humanos de toda edad, clase y condición y de los lugares mas diversos del planeta se concentran. Miles de hormigas que pululan de un lado a otro llenando y colapsando la plaza y las calles adyacentes. A eso se añade un ejercito de africanos vendiendo urgentemente ante el acoso continuo de la guardia municipal motorizada. Tampoco faltan ellas, las discretas lumis que esperan su recompensa extranjera o su grupo de pijos adolescentes en forma de vacile. Es lo que tiene la calle, también es de los gilipollas. Y a toda esa jauría de cosas y situaciones se le añaden también los tres millones de los diferentes perfumes y colonias baratas, junto a los siete millones de olores de restaurantes nativos y los llegados mas los 27 grados de un calor seco y dime como te quedas. Pero es lo que hay y forma parte de la historia de cada día, Mucho mas, llegando el buen tiempo.




Madrid, no solo celebraba el 1 de Mayo como todas la ciudades del estado sino que además al día siguiente, conmemoraba la independencia de la ciudad. Por eso también los comercios convencionales en principio, estarían cerrados. Pero no daba esa impresión por la cantidad de comercios abiertos. Y es que esta ciudad permanece viva las 24 horas. Hay de todo y para todos. Claro que lo no hay es Money para tanto. Al menos para la mayoría de la población. Hablando sobre todo con los camareros - verdaderos libros abiertos y buena gente - te cuentan la miseria de sueldos que tienen y la horas que meten.  " Y es lo que hay... ¡¡ lo tomas o lo dejas te dicen sin pudor ¡¡ Y tengo dos niños sabes ? . Tienen cola y abusan no veas con esto de la crisis sabes. Porque ¿ Que hago yo con 800 euros ?. Pues eso,  nos tenemos que apañar mi mujer no veas .  Y esto no es lo mío, yo soy ingeniero informático, pero es lo que hay ¡¡ ". Un camarero joven y majote que me atendió en una terraza de la Plaza Mayor. Y es que hay que decir que  la hostelería en Madrid es espectacular en todo gracias a los profesionales que están en contacto directo con sus clientes. Y al menos conmigo fue así en cada lugar que estuve. Por supuesto hay excepciones, pero no empañan lo que digo.


El tiempo se portó con sus 27 grados de media. Un calor seco que no impidió dar una vueltecita por el gran pulmón del centro de la villa : El parque del Retiro. Mucha gente disfrutando del día tirada en la hierva bajo la sombra de sus inmensos árboles incitando a un sueñecito o a un descanso placentero. Mientras, las barcas del estanque allí ubicado no paraban de un lado a otro al mando de brazos humanos y un entre sol de justicia que hacia presagiar un largo trago de agua fresca. Tanto o mas que la sangría que estábamos degustando frente al gran lago observando el espectáculo. Mas tarde llego la decepción al llegar al Palacio de Cristal. Un lugar con sombras de abandono y en  cuyo interior solo albergaba una especie de Jaima elaborada con diversas telas al efecto que la gente no paraba de fotografiar con selfies incluidos ante mi atónita mirada. Mi impresión de aquel lugar era como que han intentado con esa decoración vestir de colores un cadáver o una momia. La crisis últimamente es siempre la justificación de los responsables. ¡¡ No hay pasta ¡¡ para cuidar lugares aunque sean emblemáticos. Como tampoco la hay para tener al menos las vías y avenidas principales de transito mejor cuidadas. Sin olvidarme de las tres veces que tropecé por el deterioro de las aceras en pleno centro de la capital de España.


En una ciudad tan globalizada no podía faltar un rincón donde encontrar una muestra. Por eso lo primero que me encontré cuando salía de la estación de Lavapiés fue a un ecuatoriano vestido con traje marrón claro llamado Vasco. Estaba allí repartiendo publicidad de una empresa de paquetería ecuatoriana. Me contó que su trabajo era ver por los rasgos quien puede ser de ese país para ofrecerle ese servicio. Un trabajo difícil decía. A pocos metros la plaza principal del barrio con su ambiente y todo e invitaba se sentarse y degustar una cervecita. Lo hice en el primero que encontré mesa libre. Era un bar indio paquistaní. Es curioso pero los nativos de allí siempre tienen un gesto como de estar enfadados o que no les gusta la sopa verdad ?. Cogí aire para subir por una de las calles principales donde una legión de bares de todos los países ofrecen sus manjares y músicas. Y alguna que otra tienda donde comprar alguna curiosidad. Además del bullicio de algunas zonas, la ciudad es un concierto continuo de sirenas de policía y ambulancias. Y sobre todo la vergonzante ínfima paciencia de los mal educados conductores residentes que no paran de tocar el claxon ante la mínima espera o situación inesperada. Pero eso sin embargo se olvida un poco cuando te acercas a los jardines del Palacio Real y caminas hasta el majestuoso edificio. Allí la policía del municipio se deja ver de un lado a otro sin recato. También la guardia civil cubre la custodia del lugar observando atentamente todo lo que pasa. El ir y venir de seres humanos es continuo al ser considerado punto de interés. Algunos extranjeros se dejan seducir por la gitana vestida de flamenca junto al torero negro con capote rojo para sacarse una foto con el "símbolo España".  El militar sin cabeza también pasea su oferta de foto mientras el teatro de marionetas deleita a los niños y relaja a los padres. Todos buscándose la vida como pueden y como les dejan.

Tocaba visitar el barrio que me vio jugar, que me vio crecer. O mejor dicho, lo que queda de él. Al entrar en la plaza donde jugábamos, me pareció de juguete. La recordaba mas grande. Y las casas mas altas. Por un momento viajé en el tiempo y vi a todos sus protagonistas, pero muy difuminados. Ya no me acuerdo de sus caras y apenas de algunos motes : El Picha, El Nervios, El Críspulo. Marivi, la hija del taxista. Y como no Julián, el dueño del ultramarinos donde compraba las " pastillas de leche de burra". Pero todavía permanece aquella casa de seis pisos donde una chica me dio el primer beso de mi vida en el descansillo del segundo. Apenas queda nada de aquello que fue salvo las calles y sus nombres. Ahora el color global forma parte de las ventanas del vecindario. Ni tan siquiera existe aquel colegio de Sierra Carbonera al que apenas asistí . En su lugar hay una barbería dominicana y una tarotista argentina por horas. Así reza el cartel. Creo que esta será la ultima visita a un lugar que apenas reconozco ya. No lo digo con pena o nostalgia porque es lo que ocurre con el tiempo. Y han pasado ya, poco mas de cuarenta años. No obstante me tomé un corto para regresar de nuevo a la real existencia. Y de nuevo, a la M-30 una de la vías de circunvalación que tiene la Metrópoli.



Nos dispusimos a dar otro paseo montaditos como siempre en " La Jacinta " nombre dado a la Vito por el ser humano dueño de la misma. Bajamos por Alcalá dejando  la puerta a nuestra izquierda. Pasamos por Cibeles y continuamos hasta Atocha. Allí aparcamos sin problema en una de sus calles. Fuimos caminando hasta el barrio de Chueca. Otro lugar genuino y muy concurrido. Una zona de las denominadas de " ambiente " donde se concentran pequeños y viejos locales con diferentes maneras de entender el buen rollito. La zona principal como la plaza me pareció sosa y fea. La imaginaba mas cuidada, mas bonita. No se, que me transmitiera algo. Pagué los ocho euros de la Caipirinha y me acerqué pausadamente hasta la plaza Santa Ana donde la gente se preparaba ya para cenar. Si la mesa no la tienes reservada, no te sentaras, está petado siempre. Aunque a decir verdad, pillar sitio en cualquiera de las decenas de terrazas donde está el mogollón es cuestión de suerte o de rapidez. Tuvimos la suerte de aparcar al principio de la calle Claudio Cuello, en pleno barrio Salamanca y justo al lado de la Discoteca Garamond. Al parecer según la red debe de  ser muy conocida. Y como estábamos en el centro de todo y supuestamente en un lugar un poco mas vigilado por ser - dicen - zona VIP decidimos pasa allí la noche.



No sentamos en un terraza cercana a disfrutar de la luna llena y la tranquilidad después de la locura tomando un vinito blanco fresquito. Momento que el otro ser humano aprovechó para comunicarme que a partir de la media noche tendría un año más y que estaba invitado a cenar donde quisiera. ¡¡ Toda una sorpresa ¡¡  pero sabe que soy de buen conformar y que lo que realmente vale es la compañía como así le dije y sabe. De repente, como si alguien lo hubiera escuchado nos llego el aroma de una carne colocada estratégicamente encima de unas brasas y nos abrió en canal un apetito voraz casi adormecido. Preguntamos al camarero si provenía de sus cocinas, y nos dijo que solo servían platos fríos pero nos señaló el lugar. No estaba lejos, apenas unos metros. Al llegar hasta la puerta, una sorpresa mas, tenía por nombre El Pelotari : Se nos cruzaron las miradas y las sonrisa malona al intuir que en el fogón había manos o criterios culinarios vascos. Al entrar da la sensación de ser un lugar muy pequeño, apenas media docena de mesas, pero tiene tres comedores. El servicio y la atención es amable, atento, cercano y profesional sin rayar el acoso ni la adulación. De lo demás, sin palabras. Solo decir que todavía tengo un orgasmo en el paladar y no quiero que se pase. Cincuenta euros al cuadrado completaron la estancia en un lugar muy recomendado si te invitan o si alguna vez puedes darte un pequeño caprichito. Parece que la calle es de primera en eso del yantar. Allí muy cerca se encuentra uno de los considerados cinco mejores restaurantes árabes llamado Al - Mounia. Es decir, solo para unos cuantos. Yo no tenia ni idea.

Nos fuimos caminando hacia el apartamento con ruedas para bajar un poco la parte del buey que disfrutamos y decidimos compartir una copa antes de cerrar los ojos. Nos sentamos en una terraza en la calle Columela. Otro lugar de buena atención de los profesionales jóvenes que lo trabajan.Y nos fumamos un par de pitillos y el murmuro de la docena de personas que también disfrutaban del lugar y la noche cálida de luna llena. Mas tarde cuando estábamos preparando las cortinas interiores de "La Jacinta " se acercó el portero de la discoteca y nos pregunto si pensamos quedarnos a dormir allí. Le dijimos que si y que si había algún problema.  Nos recomendó que lo hiciéramos unos metros mas adelante si queríamos dormir. Mas que nada por el jaleo que se monta  a la salida ya de madrugada. Otro, nos señalaba un sitio a unos metros que parecía el lugar perfecto. Después de darle las gracias, aparcamos y minutos después nos quedamos fritos. El primer día y a sugerencias de algunos foreros en esto de las furgos te recomiendan aparcar por la zona de Arturo Soria. Esta alejada del centro si vas andando y a unas cuantas paradas de metro o autobús. Pasamos la noche en una calle muy tranquila y poco transitada de las muchas que hay en la zona llamada Protasio Gómez. Al principio pensé en algún antepasado mío por el apellido. Pero yo no se de donde vengo y menos a donde voy pero sentí buenas vibraciones. Te la recomiendo, ya que además puedes aparcar sin tener que pagar nada. Esta muy cerca del metro de Ciudad Lineal. Situado en un plaza donde también los autobuses urbanos te dejan en plena calle de Callao.
De regreso fueron constantes las gotas de lluvia hasta la misma puerta del garaje. Como lo fueron los cientos de coches que regresaban hacia Madrid. Parecía una cola que no acababa nunca hasta después de pasar la Sierra. Y mas adelante algo mas distanciados a lo largo del camino. Afortunadamente no vimos ningún accidente, pero si algún que otro gilipollas que no sabe que su coche viene también con intermitentes. Madrid esta muy bien para desconectar en apenas cuatro horas de viaje. Madrid es entretenido sobre todo. Perderte por la ciudad es la mejor opción de conocer rincones y personajes. Cada paso tiene algo curioso que mirar. Y cada momento tiene lo que le pidas y donde elegirlo. Hay vida en cada barrio y terrazas donde pasar horas y horas viendo pasar seres humanos desiguales.  Madrid te deja invisible allá donde vayas y por donde camines pero también te enseña que es verdad eso que dicen de que " la crisis se nota o se percibe de manera distinta en cada lugar". Por eso Madrid es un termómetro que mide lo jodida que esta la gente en su conjunto. Te lo dicen ellos también. Aquellos que un día formaban la denominada - clase media - . Y percibes un tremendo asentimiento de la situación. Algo así como aceptando todo lo que esta pasando, desmotivados y sin visos de que esto cambie algún día.


PD: " La anécdota o sorpresa fue cuando circulaba cerca de la Puerta de Alcalá al preguntar a un conductor por la salida hacia Bilbao y resulto ser el gran actor alavés Unax Ugalde. Le reconocí, pero le llamé Alex. Me rectifico rápido me indico la dirección que debía tomar y nos despedimos cordialmente. Desde aquí te envío un saludito