jueves, 29 de octubre de 2009

Ducharse puede matar


Hoy como ayer la calle a veces es una legión de hombres negros con mochila. Son africanos. Africanos en Madrid, en Huesca, en Bilbao etc. Todas las ciudades de España tiene africanos en las calles, y por cierto, no son conflictivos. Todo lo contrario, son respetuosos y no les gusta llamar la atención. Tiene que ser jodido cuando uno es negro, intentar pasar sin ser visto no ¿. Ahora, a esta legión se le suman los magrebíes ( moros ) que con su - barato, barato - también se buscan la vida como pueden. Y sobre todo aguantando a tanto gilipollas que no para de preguntar precios, rebajarlos hasta el limite, para luego decir. No déjalo, no tengo pasta. ¡¡ Imbecil ¡¡ Dicho esto, paso a contaros como fue un día en el WC de la casa donde vivo. Salí a tomar un café a eso de las once de la mañana al bar de siempre, los saludos de siempre, las observaciones de casi nunca y casi la misma gente que ayer. En esto, se acerco un magrebí, siempre amables, simpáticos, pesados y dicharacheros, y me enseño todos sus enseres vendibles. Una moto muy colorida y chillona. Una maquina de afeitar. Un juego de gomas para el pelo y esto que veis en la fotografía, un artilugio que me llamo la atención, sobre todo, porque tenia la impresión de que era un teléfono gigante.

Pues no era eso. Son una especie de ventosas que se sujetan en la pared de la ducha para poder tener un punto de agarre en el supuesto caso que te resbales por culpa de la costra en el interior de la bañera. Me gustó y me pareció practico, le pregunte cuanto, - me dijo doce euros - le di diez y no paró de explicarme la maravilla del producto. Me gusta ser generoso en la medida en la que puedo. Eso si, sea poco o mucho, siempre deposito una moneda ante cualquier persona que este haciendo algo callejero para buscarse la vida. La mano tendida pidiendo limosna así como así, no me mola. Me parece que tienen mucha cara. Además de mucha desgracia ( no siempre ). Me fui del bar hacia mi casa contento y confiado de haber realizado una compra practica, aunque algo impulsiva, pero tenia ganas de llegar y probarlo. Nada mas entrar en casa me fui deprisa a colocar esta maravilla.

Quedó perfecto, tire varias veces de el y estaba como si formara parte de toda la vida del mismo azulejo. Me desnude y entre por primera vez en el baño, confiado, seguro, altivo, y con una chulería que no me aguantaba ni yo amarrándome al nuevo aparato de baño. ¡¡ Dios como me sentía ¡¡ Me dije: Siiiii tío, de puta madre, tu si que sabes. Le di al agua caliente con la mano libre. Después me enjabone . Después el suavizante y por ultimo el aclarado.¡¡ Ahí si ¡¡ Me agarre fuertemente al nuevo artilugio, me relaje desplazando mi cuerpo inerte hacia atrás. Me sentía en la gloria... cuando de repente ¡¡ zas ¡¡ Se despego esta puta mierda y perdí totalmente el equilibrio, según me caía hacia el exterior me agarre a la cortina, rasgándolas y soltando los enganches del techo, cayendo trozos de ladrillo y polvo mientras me daba una ostia en la cabeza con el puto peso. Ese que se usa dos veces cuando se compra y luego se tiene medio roñoso en una esquina del baño para tapar alguna loseta rota. Cuando me desperté al cabo de unas horas estaba en la UCI ( Unidad de Cuidados Intensivos )
Moraleja: No te duches.